
A contrarreloj, el peronismo busca su jugada.
Un entramado de corrupción, sangre y muerte le dio la bienvenida al narcotráfico en Argentina.
Política23/03/2025Por @CoupeFuego_
En víspera de un nuevo aniversario del golpe de Estado a Isabel Martínez de Perón por parte de la junta militar liderada por el Teniente General Jorge Rafael Videla, el Almirante Emilio Eduardo Massera y el Brigadier General Orlando Ramón Agosti, que inició lo que se conoció como el Proceso de Reorganización Nacional, la etapa más triste y oscura en la historia de la Argentina con 30.000 detenidos-desaparecidos, miles de muertos en clandestinidad, torturados, robos de bebés, distintas violaciones a los derechos humanos y un daño a la economía que destruyó el tejido social y reconfiguró el sistema económico-financiero de nuestro país, del cual hasta el día de hoy nunca nos hemos podido recuperar. Pero hay una de las tantas consecuencias de las que nunca se habló o que muy poco se conoce: la llegada del narcotráfico.
Muchas veces hemos escuchado de gente grande, un familiar o conocido, la frase “esto con los militares no pasaba”, “con los milicos se vivía mejor” o “tienen que volver los militares a las calles” para referirse a noticias sobre hechos de inseguridad, robo, asesinato o la problemática del narcotráfico que tiene como principales víctimas a la ciudad de Rosario y al AMBA en la actualidad. Pero, ¿realmente la inseguridad o el narcotráfico no existían hace cincuenta años atrás en nuestro país? La respuesta es no.
En la previa del mundial de 1978, que tendría a la Argentina protagonista por ser país anfitrión y que terminaría ganando el campeonato del mundo con un equipo de grandes jugadores liderados por Passarella, Américo Rubén Gallego, Luque, Fillol, Kempes, entre otros, y un gran técnico como César Luis Menotti, se produce el arribo de un barco proveniente de Bolivia al Puerto de Rosario con un cargamento de 200 kilogramos de cocaína empacada como “azúcar”, que dio inicio a la historia del narcotráfico en nuestra nación y el principio del negocio que tiene a toda una ciudad aterrada bajo una guerra de clanes y bandas que se disputan la “plaza” por el control del negocio.
El cargamento llegó a la Cuna de la Bandera en el buque “Libertador Simón Bolívar” gracias a un acuerdo bilateral entre Argentina y Bolivia por parte de los dictadores J.R. Videla y Hugo Banzer Suárez, que eran los jefes de estado de la región que operaban bajo las órdenes del Plan Cóndor. Quienes recibieron la droga fueron Emilio Massera y Leopoldo Fortunato Galtieri, comandante del Segundo Cuerpo del Ejército establecido en Rosario, junto al Vicealmirante boliviano, Gutemberg Barroso Hurtado.
El proveedor de la mercadería era el “Rey de la Cocaína”, Roberto Suárez Gómez, quien era el proveedor de nada más y nada menos que de Pablo Escobar Gaviria. El narcotraficante boliviano sería el mayor productor de su país e hizo crecer su negocio a costa de la inmunidad que le otorgaban los gobiernos de facto de la región a cambio de financiamiento. Este narcotraficante llegó a tener hasta familiares trabajando en la función pública en la dictadura del país del altiplano.
La dictadura cívico-militar supo construir un mazo delictivo a base de sangre, dinero en negro, corrupción, violación de derechos humanos, negocios con empresarios, delincuentes de guante blanco y un plan sistemático de exterminio en conjunto de servicios de inteligencia, fuerzas de seguridad y las fuerzas armadas que terminaron forjando un narcoestado como si fuese el Estado Wa en Birmania, rompiendo una Argentina que en ese entonces tenía independencia económica, soberanía política y justicia social, un país en vías de desarrollo en un contexto de Guerra Fría y avances tecnológicos novedosos que hubieran cambiado el destino de la Nación y que hoy quizás no estaríamos viviendo una situación casi distópica donde los fantasmas del pasado cambiaron las formas pero no su objetivo: la destrucción de la Argentina y la emancipación por la liberación nacional en nombre de la libertad, el orden fiscal y el saqueo colonial de nuestros recursos al servicio de intereses foráneos.